Los costos de la protección

En una reciente columna en un medio la ministra de comercio respondió a las inquietudes del sector arrocero resaltando los costos de la protección para sectores vulnerables de la población con cifras de un estudio que publicó Fedesarrollo. Dice la ministra textualmente en su escrito que “la importación de arroz combate otro gran enemigo: los altos costos que tienen que pagar las familias colombianas para acceder a este producto, esencial dentro de nuestra canasta básica”. Continúa la Ministra: “No podemos obligar a las familias colombianas a comprar el arroz más caro del continente como consecuencia de la política de cierre de fronteras que el poderoso gremio arrocero ha promovido por años”.

Lo que es claro detrás la argumentación de la ministra es que Colombia pierde competitividad, entendiendo esta no solo como la capacidad de las empresas de competir, sino como la capacidad que tiene una nación de garantizar a su población un nivel de vida adecuado y creciente (OCDE), cuando implementa políticas con excesivo proteccionismo. Este debate es oportuno y conveniente cuando en el país los agoreros de la debacle pronostican la miseria, resultado de la desgravación lenta y negociada que resulta de los tratados de libre comercio que el país ha negociado en los últimos años.

No faltan voces anacrónicas que afirman que Colombia se ha abierto al mundo de manera excesiva exponiéndose a la quiebra de sus industrias y la destrucción de su empleo. Con argumentos propios de los Mercantilistas del siglo XVIII, estos analistas afirman que cada importación es la destrucción de una actividad propia y la consecuente destrucción de los empleos que la acompañan, desconociendo las ya universalmente reconocidas ventajas de la especialización que traen consigo aumentos en la productividad y que en teoría de comercio exterior introdujo David Ricardo hace más de un siglo, con la teroría de las Ventajas Comparativas.

La realidad de las cifras contradice de manera contundente los argumentos de quienes, gritando a voces la supuesta realidad de un mercado abierto a los competidores intrnacionales, se esfuerzan para que el país permanezca aislado del mundo a costa de la calidad de vida de sus ciudadanos y favoreciendo intereses en muchos casos de productores que cómodamente viven al amparo de la protección, sin querer hacer esfuerzo alguno por ser más competitivos.

Veamos. Colombia dista mucho de ser un país con sus fronteras abiertas y a la merced del “apetito desbordado del capitalismo mundial”. Según el reporte de competitividad global del Foro Económico Mundial 2014-2015, Colombia luce como un país altamente protegido y proteccionista. En nuestro caso, en el pilar sexto de esta medición que se refiere a la Eficiencia de los Mercados, el posicionamiento refleja esta realidad. Entre 144 países que se monitorean, Colombia ocupa el puesto 82 cuando se mide el nivel de aranceles, el puesto 119 cuando se mide la prevalencia de barreras al comercio y el puesto 91 cuando se mide el costo de procedimientos aduaneros. Lo que indican estas cifras es que apenas nos asomamos al mundo con unos procesos de apertura gradual negociados en los diferentes TLCs que se extienden en algunos casos hasta 16 años.

Basta mirar el mapa del mundo y compararlo con el nivel de protección que registra la OMC para cada país miembro, para darse cuenta de que existe una directa correlación entre baja protección y mayor nivel de ingreso per cápita. No hay duda: los países más abiertos son más ricos. Eso es cierto en el mundo y es cierto en nuestra región, los países con los niveles más altos de ingreso per cápita son Chile, Panamá y Costa RIca, que son a su vez los más abiertos.

No hay pues duda que el país necesita más y no menos apertura para ser más competitivo y aumentar su productividad y sus exportaciones, pero también es justo reconocer que no sólo puede responsabilizarse a ciertos sectores productivos, sino también al estado que mantiene un sinnúmero de obstáculos técnicos que hacen difícil no solo las importaciones sino también las exportaciones. Este aspecto quedó claramente descrito en el excelente trabajo que dirigió recientemente el Doctor Saúl Pineda (Universidad del Rosario) sobre barreras no arancelarias, en el cual es evidente que parte de la tarea debe hacerse desde el sector público.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *