Epidemia en la pobreza

Artículo del Dr. Carlos Ronderos en su columna de La República, “Epidemia en la pobreza”.

Hemos visto que el coronavirus no discrimina entre clases sociales, niveles de ingreso, género o edad. Le toca a todo el mundo desde ministros, pasando por la realeza, los ricos, los pobres y la clase media. Así mismo, no discrimina entre países y golpea por igual a las naciones más poderosas como a las más débiles, a los regímenes totalitarios como a las democracias.

Las estrategias para combatir la pandemia son similares y la recomendación de “distanciamiento social” que da la OMS, es la herramienta más efectiva para combatir el contagio. Este distanciamiento se logra de manera rigurosa, mediante la cuarentena de los habitantes en sus casas por períodos que van de tres a ocho semanas. Así lo hizo China al inicio de la crisis y hoy más de la tercera parte de la población mundial se encuentra encerrada en sus casas.

Si bien la estrategia es la misma, los recursos con los que cuentan las naciones para afrontar las consecuencias económicas de las medidas no son los mismos y esto hace toda la diferencia. Con una población de 83 millones, Alemania cuenta con 25.000 Unidades de Cuidado Intensivo (UCI), mientras que Colombia, con un poco más de la mitad de la población cuenta 5.300. Evidentemente las medidas necesarias para no sobrecargar el sistema tendrán que ser más contundentes en Colombia que en Alemania y también lo será el impacto económico.

Pero no es solo la debilidad del sistema de salud que hay en países pobres, son también elementos como su capacidad fiscal de subsidiar a las personas y empresas afectadas y la estructura de su empleo. En Colombia, en términos generales, más allá de algunas entregas en dinero que existían en programas de apoyo social y manifestaciones de solidaridad, el apoyo se da en términos de diferimiento de pagos y posibilidades de crédito. No es falta de voluntad del Gobierno, es falta de plata. A ello, se suma que la mitad del empleo lo genera el sector informal, personas que viven de levantar el diario en las calles y pequeñísimos negocios y a quienes difícilmente llegará el Estado con apoyos reales. En el Reino Unido se aprobó entregar a los independientes un subsidio equivalente al 80% de su ingreso mensual, mientras que en Holanda, el Estado paga el 80% de lo sueldos de las industrias afectadas. En Colombia, con gran esfuerzo, se reconectan servicios públicos a familias que por su pobreza no han podido pagar esos servicios. Esa pobreza, mezclada con ineficiencia y corrupción, dificulta la realización indispensable de pruebas a lo que añade que ¡la única máquina disponible en el país se dañó hace unos días!

Ya se presentaron los primeros brotes de saqueo por parte, no de delincuentes, sino de familias hambrientas que dependen de que buenamente una mano caritativa les lleve un mercado a la casa. En Bogotá, algunos reciben un pequeño subsidio que entrega la Alcaldía que no alcanza para el mes de aislamiento, sin saber cuanto mas durará. No tenemos la capacidad de programas masivos como los Estados Unidos y el sobre endeudamiento del Estado dificulta la situación fiscal.

En este escenario se pregunta uno si habrá estrategias diferenciadas e innovadoras para países pobres, como las ensayadas en El Salvador. Tenemos la obligación de pensar fórmulas que amortigüen, con los escasos recursos que tiene el país, el impacto económico que podrá causar más muertes que la misma epidemia.

Carlos Ronderos

La República martes, 31 de marzo de 2020

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